EVIDENCIA CIENTÍFICA Evidencia científica actual sobre el VIBRO-FITNESS
En los últimos anos el interés de la comunidad científica sobre la ENM ha crecido de forma exponencial. Encontrándonos en este momento con estudios que ha analizado diferentes efectos, como los que enumeramos a continuación.
Aumento de la fuerza:
Las vibraciones consiguen un aumento de la fuerza isométrica y de la fuerza dinámica en la musculatura extensora de la rodilla (Delecluse et al., 2003), además de un aumento superior de la fuerza máxima isotónica al compararlo con un entrenamiento tradicional (Issurin et al., 1994).
No obstante, no todos los estudios comparten estos resultados de mejora. De Ruiter (2003) afirma que, tras una aplicación de 11 semanas en el que participaron 10 sujetos en el grupo experimental, recibiendo las vibraciones 3 días a la semana subidos en la plataforma vibratoria con las rodillas flexionadas a 110º, a una frecuencia de 30 Hz y una amplitud de 8 mm., no se encontraron mejoras ni en la fuerza isométrica de los extensores de la rodilla, ni en el salto con contramovimiento. Los sujetos fueron sometidos a entre 5 y 8 series de un minuto cada una y otro minuto de descanso. El estudió constó de un grupo control (n=10) que hacían lo mismo que el grupo experimental pero fuera de la plataforma vibratoria.
El mismo autor en otro trabajo (2003b), concluye que la máxima fuerza isométrica y la máxima proporción de subida de fuerza se mantienen tras una aplicación de 2 semanas, mientras que la fuerza máxima disminuye a los 90 segundos de haber terminado la sesión, recuperándose tras 3 horas, siendo la metodología similar.
Otros estudios establecen el momento exacto en el que se consiguen los aumentos de la fuerza de la musculatura de la rodilla, del salto vertical, y algo nuevo, el aumento de la estabilidad. Todo esto ocurre a los 2 minutos y tras una sóla aplicación de 4 minutos (Torvinen et al., 2002a). Estudios de la misma autora explican que tras una aplicación de 4 meses también se consiguen beneficios en la altura del salto, pero que en relación a la fuerza de los músculos extensores de la rodilla, los beneficios se dan tras los primeros dos meses de aplicación, y que después estos disminuyen (Torvinen et al., 2002b).
Si la aplicación llega a los 8 meses, la ganancia en el salto disminuye (Torvinen et al., 2003). Torvinen utiliza en todos sus estudios la misma metodología: sobre la plataforma vibratoria, los sujetos repiten 4 veces unos ejercicios suaves; hasta 10'' segundos ligeras sentadillas; de 11'' a 20'' se colocan en una posición erecta; de 20'' a 30'' en una posición de relax con las rodillas semi-flexionadas; de 30'' a 40'' realizan pequenos saltos; de 40'' a 50'' alternan el peso del cuerpo de una pierna a otra; y en los últimos 10'' se apoyan sobre los talones.
Mejora del rango del movimiento articular (ROM):
Issurin (1994) observó que el trabajo con vibraciones podía aumentar la flexibilidad si los sujetos entrenaban 3 días por semana durante 3 semanas. La frecuencia de aplicación de las vibraciones en este estudio fue 44 Hz, con una amplitud de 3 mm.
En la misma línea, estudios recientes siguen corroborando aumentos significativos de la flexibilidad de la musculatura isquiosural en: mujeres entrenadas (Fagnami et al., 2006), estudiantes de actividad física ( Van den Tillaar R, 2006) y en población con una especial amplitud articular como son los gimnastas (Sands et al., 2006).
Modificaciones de la volemia:
Kerschan-Schindl (2001) afirma que las vibraciones producen un aumento de la circulación de la sangre de la pierna y en el muslo, un aumento en la velocidad del flujo en la arteria poplítea, y una disminución en la resistencia de la misma. No hay cambios ni en la presión diastólica ni en la sistólica. La metodología utilizada en su estudio es la siguiente: 20 sujetos sanos forman el grupo experimental. El test dura 9 minutos y está dividido en tres series, a una frecuencia de 26 Hz.
Durante la primera, los sujetos se sitúan sobre la plataforma vibratoria con las piernas extendidas. En la segunda, las rodillas se flexionan 60-70º, y en la tercera, las piernas tienen una rotación externa de 30 grados con las rodillas también flexionadas a 60-70º.
Cada posición ha de mantenerse durante 3 minutos sin descanso, para acabar con una aplicación de 9 minutos. Por el contrario, Rittweger (1999) sí encuentra cambios en las presiones, la sistólica aumenta, y la diastólica disminuye.
Además, se ha comprobado que las vibraciones a baja frecuencia (20-80 Hz) no tienen los efectos negativos en la circulación periférica que sí tienen las de alta frecuencia (Kerschan-Schindl et al., 2001).
De mismo modo, se puede decir que este aumento de la volemia se produce tanto a nivel profundo (Yamada et al., 2005) como superficial (Lohman et al., 2007).
Aumento de la capacidad de salto y de la potencia:
Existe un aumento en la altura del salto (Bosco et al., 1998a; Bosco et al., 1998b), en la potencia del salto (Bosco et al., 1998a; Bosco et al., 1998b; Bosco et al., 1998c;), y en el promedio de altura de 5 saltos continuos (Bosco et al., 1998a; Bosco et al., 1998b), y en su potencia (Bosco et al., 1998b; Bosco et al 1998c). Además, también se observa un aumento en la altura del salto con contramovimiento (Bosco et al., 2000; Delecluse et al., 2003). Todo ello viene dado por un aumento de la potencia de los músculos extensores de la rodilla (Bosco et al., 2000).
La metodología empleada en estos estudios se diferenciaba en algunos aspectos. Bosco en sus ensayos de 1998a y 1998b utilizó un grupo experimental que fue tratado durante 10 días con vibraciones verticales. Se le aplicó 5 series de 90 segundos, con un descanso de 40 segundos entre cada una de ellas, anadiéndose 5 segundos en cada una de las series, para terminar con un volumen total de 10 minutos de vibraciones por día.
Mientras tanto, los sujetos del grupo control tenían que mantener su actividad normal y evitar entrenamientos de fuerza y/o saltos.
Las posiciones en cada una de las series eran las siguientes: 1) de pie con los pies sobre la plataforma; 2) de pie sobre la plataforma en posición de media sentadilla; 3) con los pies rotados externamente, sobre la plataforma, y rodillas flexionadas 90º; 4) un pie sobre la plataforma y flexión de 90º de la rodilla de la misma pierna; 5) igual que la anterior pero con la otra pierna.
En cambio, en su estudio de 1998c, para el cual trabajó con un grupo experimental de jugadoras de voleibol expuestas a la vibración, sobre una pierna, 10 veces durante 60 segundos, con ese tiempo de descanso entre cada aplicación, una de las piernas se situaba sobre la plataforma con una flexión de rodilla de 100?, e inmediatamente después de la aplicación se repetían los tests. Por último, en su estudio del 2000 la diferencia básica era que se apoyaban los dos pies sobre la plataforma vibratoria.
Del mismo modo, Delecluse ha introducido, en su estudio del ano 2003, ejercicios sobre la plataforma vibratoria. Los sujetos que recibían las vibraciones ejecutaban ejercicios estáticos y dinámicos de extensión de rodilla sobre la plataforma: sentadilla, sentadilla profunda, split amplio, sentadilla sobre una pierna y lunge.
En resumen, parece existir un aumento en el promedio de la velocidad, la fuerza y la potencia de la musculatura que recibe directamente las vibraciones (Bosco et al., 1998c), y de los valores del salto en general. En contraposición a las conclusiones recientemente expuestas, Rittweger et al. (1999) afirma que los valores de salto disminuyen, además de los valores de fuerza de los músculos extensores de la rodilla, durante los 2 primeros segundos de la aplicación.
Esto puede deberse a que en este último estudio los ejercicios se realizaban hasta la extenuación. El estudio constó de 3 sesiones: en la primera los sujetos realizaban un ejercicio hasta el agotamiento sobre un cicloergómetro, con incrementos de 50W cada 3 minutos.
Se medían varios parámetros antes, durante y después del ejercicio: presión arterial, ritmo cardíaco, VO2 y liberación de CO2, percepción subjetiva de cansancio y concentración de lactato. En la segunda sesión se realizaba un ejercicio de sentadillas sobre la plataforma de vibración (a 26 Hz) hasta la fatiga, con una carga adicional del 40 % del peso del sujeto en hombres y del 35 % en las mujeres. Además de medir los mismos parámetros que en la primera sesión, se medían también la altura de salto, la activación neural con electromiografía de superficie y la máxima contracción voluntaria de los extensores de rodilla en un período de 10 segundos. La tercera sesión era igual que la segunda.
Ahora bien, cuando se habla de un aumento de potencia, ésta no sólo se ve incrementada en los miembros inferiores. Si la aplicación se realiza en los brazos, también aumentará la potencia en ellos (Bosco et al., 1999;). Bosco empleó el siguiente método de entrenamiento: uno de los brazos recibía las vibraciones y el otro no. Las vibraciones se realizaban durante 1 minuto, 5 series con un minuto de descanso entre cada una, y después de ellas, ambos brazos realizaban los mismos ejercicios de fuerza.
Issurin et al. (1999), tras centrarse en el estudio de sujetos de élite y aficionados, concluyó que esa mejora de la potencia se produce de manera superior si los sujetos tratados son grupos de élite. Así, fueron estudiados14 deportistas, tanto de élite como aficionados. A todos ellos se les aplicaron estimulaciones con vibraciones durante ejercicios de curl de bíceps (bilateral) y ejercicios de fuerza explosiva.
Los atletas realizaban 2 series separadas de 3 tipos de ejercicios en un orden al azar. La segunda de las series era administrada con vibración, a una frecuencia de 44 Hz y una aceleración de 30 m.s-2, que se transmitía a través de los dos brazos.
Por otro lado, si nos centramos el nos efectos de la ENM sobre el entrenamiento de velocidad en carreras de corta distancia (60m). Recientemente, Paradisis y Zacharogiannis (2007) han comprobado que un proceso de entrenamiento de 6 semanas, a razón de 3 días por semana, con ENM a 30Hz y 2,5 mm. de amplitud y un tiempo de estímulo total de 16 minutos. Con estas dosis de entrenamiento es suficiente para producir aumentos de la amplitud de la zancada de 5,4%, mejora de la velocidad 3,6%, diminuyendo la frecuencia en 3,4%. Además, cuantificaron mejoras el CMJ de 3,3% y en el test de resistencia a la fuerza explosiva en (30seg) en un 7,8%.
Activación neural:
Roelents (2006) registro gran actividad EMGrms, entre 12.6% y 82.4% de la contracción máxima voluntaria (CMV), cuando se aplica la ENM a 35 Hz en diferentes tipos de sentadilla: media sentadilla, sentadilla paralela y sentadilla en apoyo monopodal. Siendo ésta última, la posición que mayor reclutamiento muscular generaba.
A su vez, en un curioso estudio desarrollado por Brach (2007), fue registrado un aumento significativo de potencia media (525 + 74 vs. 499 + 71 W) y potencia pico (846 + 168 vs. 799 + 149 W) de la tercera serie de un press de banca. Cuando entre la segunda y la tercera series era intercalada una contracción isométrica, con una barra de 60 Kg. que generaba la ENM a 30Hz y 1.1 mm de amplitud y una recuperación de 4 minutos (Brach et al., 2007).
Alivio del dolor muscular post-ejercicio (DOMS):
Aplicando de manera puntual ENM a 50Hz, previo a un trabajo excéntrico como es el andar a 4Km/h con una pendiente de 10%, se reduce de manera significativa los niveles séricos de creatinquinasa y de la escala analógica visual del dolor (Bakhtiary et al., 2007).
Aumento de la testosterona y de la hormona del crecimiento:
Otros tipos de beneficios fisiológicos son el aumento de la testosterona (T) y de la hormona del crecimiento (GH), a la vez que también pueden producir un descenso del nivel de cortisol en plasma y de la actividad de nivel de estimulación neural (Bosco et al., 1998c).
Por otro lado, este gradiente hormonal parece no siempre de la misma manera, puesto que un estudio realizado recientemente por Cardinale (2006), no observan cambios significativos a nivel sérico en la T y la IGF-1, en una sesión de ENM de 20 series de 1 minuto a 30Hz y 1,5 mm y tampoco 3mm de amplitud. (Cardinale et al., 2006).
Cambios en el consumo de oxígeno:
Se han encontrado modificaciones del mismo en varios estudios. Rittweger (1999) afirma que las vibraciones producen una disminución del VO2. En cambio, dos anos más tarde (Rittweger et al., 2001), habla de un aumento del mismo.
Hay que tener en cuenta que el entrenamiento varió de un estudio a otro. Los ejercicios (3 minutos cada uno), eran los siguientes (cada sujeto realizaba cada uno de los ejercicios con y sin vibraciones): 1) posición en bipedestación solamente; 2) ciclos de 6 sentadillas hasta llegar a una flexión de 90? de rodilla; 3) sentadillas con una carga adicional del 40% del peso del sujeto (35% en mujeres). Los ejercicios 1 y 3 se realizaban tanto con vibraciones como sin ellas, siendo su frecuencia de 26 Hz, y su amplitud de 6 mm. Este mismo autor reconoce la existencia de un aumento del VO2 siempre y cuando las vibraciones vayan acompanadas de ejercicio (Rittweger et al., 2003). En este caso, el entrenamiento consistió en sentadillas que debían realizarse hasta completar la extensión de rodilla y bajar hasta que las rodillas se flexionaran a 90?, todo ello con una carga adicional del 40 % de la masa de los sujetos aplicada en un cinturón. El aumento en el VO2 se produce a 34 Hz (Rittweger et al., 2002a).
Cambios en otros campos relacionados con la salud:
Flieger (1998) realizó un estudio con ratas de laboratorio utilizando una frecuencia de 50 Hz durante 30 minutos al día, 5 días a la semana durante 12 semanas. Observó que éstas pueden contribuir a la prevención de la pérdida de hueso en mujeres en la menopausia, aunque sin influir en la densidad del hueso (1998), y también a la disminución de la sensación de dolor lumbar en pacientes con dolor lumbar crónico sin determinar (Rittweger et al., 2002b). El tratamiento de los sujetos que sí recibían las vibraciones era el siguiente: sobre la plataforma en bipedestación, con las piernas un poco flexionadas, y manos en la cadera, con la columna lumbar en ligera hiperlordosis (frecuencia de 18 Hz). El ejercicio consistía en que el paciente permanecía en la posición inicial durante 1 minuto.
A continuación, se iba situando apoyado progresivamente sobre los talones. En las siguientes sesiones se realizaba el mismo ejercicio a mayor velocidad. El tiempo
era de 7 minutos. A partir de la décima sesión se aplicó una carga adicional del 30%
del peso del paciente sobre los hombros o en los brazos.
En un interesante estudio realizado por Gusi (2006), compararon 8 meses con 3 sesiones por semana de ENM, a razón de 6 series de 1 minuto a 12.6 Hz y 3cm de amplitud con 1 minuto de recuperación entre series, versus caminar 55 minutos. EL grupo de ENM presentaba incrementos significativos en la densidad mineral ósea (BMD), a nivel del cuello femoral (4,3%) y en el equilibrio (29%). La BMD a nivel del raquis lumbar no manifestó modificaciones en ninguno de los grupos (Gusi et al., 2006).
Atendiendo a los efectos del ENM en pacientes con patología parkinsoniana, el grupo de investigación de Hass (2006) obtuvieron, con una sesión de 5 series de 1 minuto, mejoras significativas en los síntomas de temblor (25%) y rigidez muscular (24%). Concluyendo, que la ENM en pacientes con Parkinson, puede mejorar la función del área motora suplementaria y de los neurotransmisores (Hass et al., 2006).
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